Spelljammer fue uno de los dos complementos, junto a Planescape, que TSR publicó para facilitar el uso de todo el abanico de mundos que lanzaron al mercado. Eran tantos los escenarios de campaña publicados que TSR "necesitaba" justificar de algún modo la compra de varios de ellos por parte de los jugadores.
Pero visto desde un punto de vista menos mercantilista, eran dos magníficas oportunidades de enlazar mundos muy distintos, cada uno de ellos con sus razas, sus clases, sus monstruos y sus leyendas. En grupos de aventureros con el escenario de juego demasiado trillado, viajar a lugares bizarros y desconocidos, ya fuera por el espacio o a través de portales planares, era una preciosa manera de ampliar el espectro de los jugadores.
Ambos son brillantes, y en el caso de Planescape, goza de la edición más original y detallada de cuantas se hicieron en un suplemento con visos de escenario de campaña, sin mencionar las soberbias ilustraciones que lucía, muy alejadas de los cánones establecidos hasta entonces[1].
Pero todos tenemos debilidades personales, y la mía es Spelljammer.
Un buen día me prestaron una Dragon (edición británica) y leí una pequeña noticia en la que se
hablaba del "nuevo rumbo" de TSR, tratando de alejar el juego del estándar de castillos y caminos polvorientos. Hablaban de algo así como de "física RPG", y como es fácil imaginar, entendí poco de lo que querían decir. Meses después, en otro número de la revista, venía publicado a toda página el anuncio de Spelljammer, con aquella impactante ilustración de Jeff Easley. Arranqué la página y la colgué en mi pared, a sabiendas de que sería lo único que podría tener del mismo.
Sin embargo, un amigo y benefactor tuvo el detalle nunca suficientemente recompensado de comprar (y regalarme) la susodicha caja en un viaje a Londres. Qué puedo decir, pasé semanas y semanas leyendo los libros hasta por el canto, y cada vez que abría la caja era como si fuera a contemplar el corazón de Davy Jones latiendo en su interior.
Podríamos decir que Spelljammer y Planescape fueron los hijos no deseados de un matrimonio a punto de acabar. Hubo suplementos para ambas expansiones, pero el volumen de productos de TSR era tal que no pudieron beneficiarse de una mayor dedicación. Años después vendría WotC, y mientras la cosmología de Planescape se actualizó mediante el Manual of the Planes y el Planar's Handbook, los derechos de Spelljammer fueron cedidos a un grupo animoso de seguidores que desarrollaron algunas cosas, pero ya sin soporte oficial. En realidad, uno y otro nacieron y murieron con TSR.
- sus autores, Tony DiTerlizzi, Robh Ruppel y Dana Knutson, obtuvieron un premio Origins en 1994 por el aspecto visual de la obra [↩]
En una ocasión, los personajes deambulaban por una extensa llanura tras escapar de una prisión. Intentaron sin éxito cazar, o mejor dicho, cazaron algunas aves que apenas menguaron el hambre acumulado.
En una de esas excursiones cinegéticas se toparon con varios kobolds a los que infligieron la tradicional somanta marca de la casa. Lo que hicieron con los cuerpos después es fácilmente imaginable… y esta tendencia caníbal ha vuelto a sucederse en otras circunstancias parecidas.
En este caso improvisé una regla para "medir" la tolerancia de los personajes hacia la carne de una criatura que, en la mayoría de las situaciones, verían como abominable o, simplemente, repugnante (una tirada de salvación de Fortaleza).
Como no hay reglas especiales para estos casos (o al menos no las he encontrado), me alegré de leer hace unos días las siguientes indicaciones publicadas en d20 Source.
Como regla general, los monstruos deben ser ingeridos inmediatamente después de acabar con sus vidas para "disfrutar" de estos efectos. Los cuerpos conservados (congelados, en salmuera, etc) pueden nutrir, aunque pierden sus efectos peculiares una vez conservados. Una criatura de tamaño mediano proporciona suficiente alimento para dos personas, y una más por cada categoría de tamaño superior al mencionado.
Hace unos días leía una discusión acerca de las revistas dedicadas a juegos de rol, y la más mencionada y por la que más se interesaba la gente era Kobold Quarterly.
Esta revista, publicada por Open Design y considerada una dignísima heredera de la vieja Dragon, tiene una frecuencia estacional, es decir, se publica cada tres meses coincidiendo con el cambio de estación. Actualmente va por el número 11 (otoño 2009).
Lo que me interesó de la conversación fue la pregunta más repetida, que era si Kobold Quarterly tenía mucha pelusa. Con pelusa se refieren a contenido frívolo o superficial, siempre desde su punto de vista.
Para ponernos en situación, muchos analfabetos funcionales se refieren con pelusa a todo aquello que no es aplicable al juego (objetos mágicos, armas o armaduras nuevas, monstruos también nuevos, etc), o más directamente, a aquello que no entienden.
Por ejemplo, la famosa revista The Crusader, de Troll Lord Games, publicaba en cada número un largo artículo de Gary Gygax en los que se repasaban historias y anécdotas relacionadas con los orígenes de los juegos de rol; leídos con detenimiento, pueden ser cómicos o incluso trágicos, según la historia. Pues este tipo de artículos son lo que los antes mencionados consideran pelusa.
Sin necesidad de otros ejemplos, The Crusader goza de escasa penetración comercial por contener muchos artículos de opinión o historias listas para ser desarrolladas, pero poco material práctico. En otras palabras, The Crusader rebosa pelusa por todas partes.
Esto enlaza perfectamente con mi gran duda acerca de si queda alguien a quien le guste leer. No se trata ya de leer por obligación o por necesidad, sino por curiosidad.
Desde el limitadísimo punto de vista de esta gente, cargado de prejuicios y un sinfín de taras intelectuales, todo lo que no vaya acompañado de estadísticas, dibujos o un precioso bonificador, es pelusa.
Por cierto, este blog está cargado de pelusa hasta arriba
Por fin tenemos entre nosotros el Dragon Magazine Annual volume 1, publicado en la segunda quincena del pasado mes de septiembre.
Este libro no es más que una selección del contenido aparecido en la revista homónima durante el último año, junto con notas y artículos nuevos escritos por los diseñadores y editores.
El contenido republicado ha sido revisado y corregido (o al menos eso dicen).
Sé que mucha gente desprecia la nueva revista en formato digital por haber pervertido el sentido original que tenía, amén de jubilar al maravilloso equipo de edición que hacía la versión de Paizo. Sin embargo, entre tanta mediocridad no es difícil encontrar ideas brillantes. Todo es aprovechable.
publicado en la categoría Accesorios
Compendio o selección de artículos publicados en la revista Dragon Digital durante el último año.
42.9 Mb
Wizards of the Coast, septiembre de 2009

Desde el viernes está rebotando por blogs y foros la noticia de que el mítico (al menos para mí) escenario de campaña Dark Sun tendrá su revisión para la cuarta edición de DnD en 2010.
Aunque el verano pasado ya se comentaba que podría ser uno de los elegidos de cara a las revisiones, no deja de ser una sorpresa, por cuanto Dark Sun fue, junto a Ravenloft, uno de los escenarios rompedores de TSR.
En la entrevista que publica Dragon este mes, James Wyatt reconoce que se trata de un escenario que apenas necesita adaptación a la nueva edición de DnD. Y dice algo que muchos pensábamos hace años: TSR publicó muchos escenarios de campaña similares, léanse Reinos Olvidados, Mystara, Greyhawk, Dragonlance, etc. Sí, ya sé que cada uno de ellos tiene características propias, pero al final, al jugador le daba la sensación de encontrarse en el mismo lugar.
Cuando "conectabas" todos estos mundos a través de Spelljammer, tenías dos opciones: o lo dejabas todo como estaba (los jugadores terminaban por no distinguir un lugar de otro), o introducías algún elemento original, algún rasgo ditintivo para que los jugadores supieran dónde estaban.
Con Dark Sun no ocurría eso. Recuerdo la primera vez que mis jugadores visitaron (por casualidad) el planeta, y salieron de allí varios meses después con la costumbre de cargar siempre con un barril lleno de agua…

























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