Puertas, portones y portales. Aunque siempre recurramos a la misma representación imaginaria cuando nos encontramos uno de estos elementos en los dungeons, hay múltiples variedades de cada uno de los mismos (madera, metal, vidrio, etc).
Además, no todas las puertas parecen las mismas. En algunas ocasiones están adornadas para armonizar con el entorno, en otras son el elemento central de un pasillo o forman parte de un gran muro particularmente importante.
Si pensamos cuántas puertas se hacen hoy en día, en la realidad, mediante sistemas mecanizados que eliminan las potenciales imperfecciones de un trabajo manual, podemos imaginarnos un sistema similar, aunque adaptado, para nuestro escenario de campaña.
Volviendo al entorno de juego, muchos artesanos tendrán algo parecido a una cadena de producción formada por aprendices u oficiales de segunda, quienes se encargarán de fabricar las puertas de uso común, que son las más vendidas. Si en ciertas regiones abundan más unos materiales que otros, es lógico pensar que los artesanos locales se especializarán en la materia prima más a su alcance, por lo que dos puertas comunes de distintas regiones pueden ser muy diferentes entre sí.
De tal modo, cuando diseñemos un dungeon podemos esmerarnos con los grandes detalles, pero también con los pequeños. No todas las puertas tendrán rasgos distintivos, pero es divertido y hasta imaginativo otorgar ciertos toques de originalidad.
En esta ocasión tenemos el cerero, el pregonero y el trujamán.
Aunque el trabajo del cerero requería de ciertas habilidades, la fabricación de velas durante el medievo no requería el proceso contemporáneo de aprendizaje y experiencia. Como consecuencia, los cereros no se encontraron entre los artesanos más acaudalados.
Los materiales que necesitaba eran pocos y fáciles de obtener: lino o lana para los pabilos de las velas, cera de abeja o sebo para el cuerpo de la misma, un recipiente o candelero lo suficientemente grande para colocar la vela y una fuente de calor para derretir la cera o el sebo.
Los cereros que tenían abejas propias podían conseguir de ellas tanto la cera como miel, encendiendo un pequeño fuego con madera húmeda bajo la colmena, provocando que el humo ahuyentara temporalmente a los insectos. Los panales habían de filtrarse mediante telas porosas, siendo que la "primera miel" se utilizaba como edulcorante, y la "última miel", obtenida escurriendo el paño, se empleaba en la fabricación de aguamiel. La cera sobrante se utilizaba para fabricar velas.
El sebo se conseguía cociendo animales cebados, metiéndolos en agua con un poco de sal disuelta; el sebo flotaba en la superficie y se recolectaba. Para este proceso preferían carne de vaca u ovejas cebadas, ya que las velas fabricadas con grasa porcina emanaban mucho humo y desprendían un hedor insoportable.
- El mensajero, el sepulturero y el cazador de ratas
- El cerero, el pregonero y el trujamán
- El cervecero, el fraile y el médico de la peste
- El barbero, el cetrero y el molinero





























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