La verdad es que la mayoría de lo relacionado con los elfos termina convirtiéndose en pasteleo puro y duro, con tonos azules y ceniza en la misma proporción, así que aviso de antemano a los alérgicos.
Por muchas que sean las variedades raciales, por muchas subespecies o tipos de clanes élficos que se describan, nada simboliza mejor el pueblo de los elfos que un árbol. Por defecto, en los primeros juegos de rol se suponía que todos los elfos procedían de los bosques, y por tanto no era necesaria la aclaración. Hoy, sin embargo, son tantas las posibilidades añadidas, que se habla de elfos de los bosques o elfos salvajes cuando se habla específicamente de ellos.
Quizás lo más descriptivo en cuanto a la sinergia entre naturaleza y elfos sea el uso que estos hacen de la misma. No son muchas las descripciones realmente gráficas de las casa-árboles; entre ellas, una muy escueta en la Pentalogía de los Arpistas, y esta en Elminster en Myth Drannor:
Se detuvo maravillado ante los árboles que parecían haber crecido formando afilados castillos de una elegancia exquisita. […]
Entre los árboles castillos había mansiones menores de agujas de piedra y lo que parecía ser vidrio soplado esculpido. Sin embargo, a tenor de los jardines colgantes que se extendían por encima de tales edificios, parecía como si los elfos no pudieran vivir sin cultivar plantas o compartiendo el espacio con árboles. Elminster intentó no mirar con excesivo descaro las ventanas circulares, los jardines cuidadosamente diseñados, y las intrincadas curvas de madera y piedra a su alrededor, pero jamás había visto moradas tan bellamente construidas. No tan sólo una casa aquí y otra allí, sino una calle tras otra, incluidas las sinuosas callejuelas; una ciudad de árboles vivos unidos en lo alto, y un exuberante esplendor de plantas, jardines y esculturas mágicamente animadas que, como si tal cosa, aventajaban la más exquisita obra humana que Elminster había visto jamás, incluidos los jardines privados del rey mago Ilhundyl.
¡Dioses! A cada paso descubría nuevas maravillas. En aquel lado había una casa diseñada para parecer una ola encabritada, con una habitación con suelo de cristal suspendida bajo el arco formado por la estructura superior, en sí misma un jardín de arbustos meticulosamente podados. Más allá se divisaba una cascada de agua elevada a la altura de una torre merced a la magia, para que pudiera descender, cantarina, de estancia en estancia de una casa cuyas habitaciones eran todas estructuras ovoidales de vidrio tintado; en el interior, sus moradores elfos paseaban con copas en las manos. Al final de un sendero flanqueado por árboles serpenteaba un caminito que desembocaba en un estanque redondo. Varios asientos daban vueltas en torno al agua en una flotante danza lenta, balanceándose y elevándose mientras se movían merced a la magia.
Este pasaje corresponde a la entrada del mago en Cormanthor, ya que aún no recibía el nombre de Myth Drannor (eso llegaría años después). Precisamente por ir camuflado como un elfo pudo admirar la belleza de la ciudad, admitiendo para sus adentros la mediocridad de las construcciones humanas comparadas con lo que veía en la ciudad de los elfos[1].
Dependiendo del autor o de la ambientación escogida, encontramos ciudades formadas por árboles-casa o un gran árbol central en torno al cual se forman comunidades. El árbol único, algo así como el árbol de Avatar o uno de los que aparecen en una de las novelas de Drizzt (lo siento, a mí tampoco me gusta) suele tener connotaciones divinas y apenas se permite la interacción con los ciudadanos ajenos al culto.
En el texto de Elminster en Myth Drannor, sin embargo, son árboles que conforman el hogar de cada gran familia, y en ellos la magia y su dominio, son tan importantes como la propia belleza del lugar.
Lo descrito en la novela corresponde a estancias construidas en el mismo árbol. Simplificando el diseño, podríamos tener distintos "edificios" construidos sobre el árbol, tal que así:
Evidentemente, este diseño huye de la exuberancia y la fragilidad estética que muchos podríamos tener en mente, aunque también es cierto que no todas las "comunidades" serán de abundantes recursos; también habrá aldeas y enclaves pequeños con una planificación mucho más modesta.
El mapa anterior corresponde a Teuveamanthaar, una antigua y legendaria ciudad-árbol en los Reinos. Para concretar, ese lugar es relativamente conocido gracias a Teumyshaaril, una capilla en el interior de uno de los árboles, y cuyo origen se encuentra, curiosamente, en una grieta aparecida en el tronco[2].
En la Trilogía de las Moonshaes también se describe, de forma similar, una aldea élfica con construcciones en las enormes ramas de árboles no menos gigantes. Además, la aldea que se describe plantea un detalle que se omite siempre, como es el de la protección exterior.
Cuando de ciudades o aldeas formadas de árboles se trata, se suele dar por obvia la explicación de que carecen de muralla de protección. Sin embargo, esto plantea muchas dudas en cuanto a la seguridad del lugar.
En la Trilogía de las Moonshaes se soluciona ese punto con una densa espesura encantada en torno a la aldea, de tal manera que nadie pueda llegar por sí mismo a la comunidad; esa vegetación y esos árboles incluso varían de posición para confundir aún más a los intrusos. Sólo un habitante del lugar puede encontrar el camino correcto.
Para concluir, si orientamos el tema directamente a la aventura, en el viejo archivo cartográfico de WotC encontramos el siguiente mapa de un árbol élfico abandonado:
- ningún humano había entrado allí hasta entonces [↩]
- esto se describe en el suplemento "Champions of Valor" [↩]
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