Es frecuente entre jugadores preocuparse exclusivamente de su parte, de su competencia, y olvidarse del gran trabajo que suele requerir una buena partida de rol.
Hay jugadores que deciden llevar un personaje que no conocen y ni siquiera se molestan en leer habilidades o características: simplemente preguntan, ya en la partida, una y otra vez al DM sobre si pueden hacer esto o lo otro, o qué significa esto que nunca he leído porque prefiero que lo leas tú.
A un jugador se le debe exigir, cuanto menos, que conozca su personaje y sepa lo que puede hacer. No es de recibo que un DM tenga que explicar al jugador sus propias características a la vez que mira las de la criatura del próximo encuentro.
Otra cosa sería que el jugador no entienda lo que ha leído, y eso es perfectamente disculpable. Pero no hemos de olvidar que los juegos de rol son juegos para todos, no sólo para los que se llaman a sí mismos jugadores, sino también para el que dirige la partida.
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